Dos derrotas equivalen a una victoria: la paradoja de Parrondo

En 1996, el físico Juan Manuel Parrondo (Madrid, 1964) guardaba en un cajón la paradoja que, muchos años después, había de aparecer en las páginas de Nature y The New York Times. Por diversión, se había entretenido traduciendo al lenguaje de los juegos de azar un fenómeno que se producía en un campo bastante minoritario entonces, el de los motores brownianos.

Funcionó. La combinación de dos estrategias perdedoras puede dar lugar a una estrategia ganadora. “Lo hice un poco por jugar, pero no le di la mayor importancia”, cuenta a Teknautas el científico desde su despacho en Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la UCM, a donde acaba de regresar de vacaciones.

Lo hice un poco por jugar, por diversión, pero entonces no le di la mayor importancia

Entonces, su hallazgo ni siquiera tenía un nombre. La paradoja de Parrondo no pasaba de ser una curiosidad que el profesor les contaba a sus alumnos. “Consiste en dos juegos de azar perdedores. El primero (A) es muy simple, como apostar a rojo o a negro en un casino. El segundo (B) es más complejo, pero lo importante es que tratándose de juegos donde pierdes, si los alternas -por ejemplo si juegas AA, BB, AA, BB- resulta que la tendencia es siempre ganadora”.

Por supuesto, a los dueños de los casinos no les gustó la paradoja de Parrondo. Muchos jugadores profesionales trataron de aplicarla, y aún hoy se sigue hablando del asunto en los foros especializados. “Ha habido algún intento, se sigue discutiendo sobre la paradoja e incluso hay gente que se dedica de forma profesional a su estudio, pero dudo que sea posible su aplicación real en los casinos porque son juegos diseñados. El primero (A) sí existe, pero el segundo (B) es artificial”,

Aplicaciones indirectas

Desde entonces, la paradoja de Parrondo ha abierto tantos caminos que es difícil valorar, en su conjunto, la aportación del físico español a la ciencia moderna. “Tiene una aplicación indirecta en los mercados financieros, donde puedes encontrar situaciones donde la combinación de dos estrategias perdedoras de lugar a una ganadora. De hecho, se ha documentado, y hay algunos métodos de inversión que presentan esta posibilidad; en inglés, se llama volatility pumping, y se ha relacionado con la paradoja”.

“También hay científicos que han propuesto este tipo de fenómenos para comportamientos de bacterias, en biología, donde dos fenotipos perdedores pueden dar lugar a una estrategia ganadora. Javier Buceta también la aplicó en el campo de los virus: en un ambiente concreto un virus puede extinguirse, pero cuando alternas dos ambientes distintos no”.

Pero antes de que pudiese aplicarse en los laboratorios y en los bancos de inversión, antes de que los periodistas empezasen a llamarle por teléfono y los dueños de los casinos a preocuparse por su hallazgo, la paradoja de Parrondo aún debía salir del cajón donde el físico la había metido. En este punto de la historia hay un nombre clave: Derek Abbott.

‘La paradoja de Parrando’

“Yo contaba mi descubrimiento como una anécdota en mis seminarios sobre física, pero entonces apareció en Madrid el físico e ingeniero Dereck Abbott y se puso a difundir la paradoja. De hecho, el primer artículo lo escribió él. ‘¿Te importa que lo titule como la paradoja de Parrondo?’, me preguntó. Era el año 98”, recuerda el físico español, que le dejó vía libre a su colega.

Entonces, el nombre de Parrondo dio la vuelta al mundo. Los investigadores comenzaron a escribir tesis sobre su paradoja. Apareció en la revista Nature. Escribieron sobre él en The New York Times, aunque el periódico nortemericano escribió mal su apellido, un error tipográfico que contribuyó a crear una segunda versión de su conjetura matemática: ‘la paradoja de Parrando’.

Escribieron sobre él en ‘The New York Times’, aunque el periódico nortemericano escribió mal su apellido, un error tipográfico que contribuyó a crear una segunda versión de su conjetura matemática: ‘la paradoja de Parrando’

Hoy, mientras múltiples disciplinas y modelos teóricos se han apropiado de su idea, al físico español ya no le llaman tanto. Además, no se trata de una formulación matemática al estilo de la conjetura de Poincaré, un problema sin resolver cuyo fuego se puede mantener vivo muchos años. “Yo no la bauticé como una paradoja, fueron otras personas. Una paradoja es una contradicción que requiere una solución, como la paradoja del mentiroso, que requirió ampliar la lógica formal; o las paradojas de teoría de conjuntos”.

Según el físico, las anteriores son paradojas lógicas, pero el término también se puede aplicar a “algo que va en contra de la intuición”, como en su caso, “fenómenos que presentan un comportamiento que no es el intuitivo”. “Pero nosotros sabemos cuál es la explicación, sabemos por qué ocurre”.

La ciencia enferma

El físico se pone serio cuando le toca hablar sobre la situación actual de la ciencia en España. “Es dramática, no hay otra palabra. Hasta hace tres años, cuando empezaron los recortes fuertes, España se había colocado en una posición de alto impacto científico. No en la Champions League, como mucha gente piensa, pero realmente se estaba haciendo ciencia de mucha calidad”.

La situación actual de la ciencia es dramática, no hay otra palabra. Hasta hace tres años, cuando empezaron los recortes fuertes, España se había colocado en una posición de alto impacto científico
“En un generación más habríamos tenido una ciencia de primer nivel, con la implicación del sector privado. Especialmente con el gobierno actual se ha cortado de raíz. Es básico para superar la crisis tener un sector científico sólido, y no solo con grandes figuras”.

Por eso ahora al físico le resulta difícil motivar a los jóvenes investigadores. “Realmente, existe una gran desmotivación en grupos de calidad. Si no tienes una base de investigadores, de recursos humanos y de materiales preparada para coger el tren del futuro, lo pierdes. No apostar por la ciencia es dejar al país sin posibilidad de incorporarse a las nuevas oportunidades”. Más allá de la paradoja de Parrondo, ésta es la paradoja de la ciencia española.

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