Dónde comprar online «La nada trascendente»

«La nada trascendente» de David Pérez se puede comprar en cualquier librería de España y en cadenas comerciales como La Casa del Libro o FNAC. Si la novela no se encuentra disponible en la tienda, puedes encargarla y en unos días te avisarán para que puedas recogerla en el establecimiento.

Pero lo más cómodo es comprar «La nada trascendente» online. Hay tres plataformas donde el libro se encuentra a la venta.

Amazon: te lo recomendamos por la fiabilidad de los tiempos de entrega.

La Casa del Libro: en el momento en que se escribe este post hay stock disponible, con un plazo de entrega de 24 horas.

FNAC: algunos compradores han experimentado retrasos notables, de modo que no te recomendamos comprar el libro aquí.

Un teletipo enigmático

En el verano de 2015, mientras escribía La nada trascendente, me encontré por casualidad con un enigmático teletipo de Europa Press, que decidí incluir en el comienzo de la novela, porque la conecta a la realidad. Es, en apariencia, una noticia convencional sobre un incendio donde fallece un hombre de forma accidental.

Sin embargo, en el penúltimo párrafo, el autor de la pieza empieza a escribir una novela: «Testigos del suceso han indicado que el hombre, antes de fallecer, se limitó a permanecer en el balcón mientras las llamas consumían su vivienda. En ningún momento pidió ayuda ni alertó a los transeúntes del peligro que corría su vida».

En La nada trascendente, uno de los personajes más importantes es un poeta desconocido llamado Víctor Moon. Sus poemas, entre otras cosas súper raras, tienen el poder de incitar a la gente a provocar incendios.

El teletipo acaba así, con un final abierto: «La división científica de la Policía Nacional está ahora determinando las causas del incendio» .

«La nada trascendente» cuenta la verdadera historia de millones y millones de incendios como este.

Fallece un hombre a consecuencia de un incendio declarado en una vivienda de la Travesía de las Beatas (Madrid)

Publicado 19/07/2015 8:54:24

MADRID, 19 Jul. (EUROPA PRESS) – Un hombre de unos 40 años de edad ha fallecido a consecuencia de un incendio declarado a primera hora de esta mañana en la céntrica Travesía de las Beatas y cuyas causas están todavía bajo investigación, según han informado fuentes de Emergencias Madrid a Europa Press. Los servicios de Emergencia han recibido noticia del incendio en torno a las 07.00 de esta mañana, declarado en un edificio de viviendas de tres pisos.

Al lugar se han desplazado inmediatamente tres dotaciones de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid que se han visto obligados a entrar en el interior echando la puerta abajo al haber roto el incendio por la fachada. Los bomberos se han encontrado con un incendio muy desarrollado en el interior de la vivienda, de unos 40 metros cuadrados, y hallaron al hombre, ya fallecido, en el balcón de la misma. Posteriores intentos de reanimación llevados a cabo por efectivos de Samur / Protección Civil resultaron infructuosos. La causa exacta de su muerte todavía no ha sido determinada pero el fallecido presentaba graves quemaduras por todo su cuerpo. Testigos del suceso han indicado que el hombre, antes de fallecer, se limitó a permanecer en el balcón mientras las llamas consumían su vivienda. En ningún momento pidió ayuda ni alertó a los transeúntes del peligro que corría su vida.

El incendio ha sido controlado rápidamente sin que se extendiera a viviendas colindantes y no ha habido más víctimas que lamentar porque el resto de vecinos evacuó rápidamente el edificio. La división científica de la Policía Nacional está ahora determinando las causas del incendio.


Leer en Europa Press.

«La nada trascendente»: una novela subversiva sobre la (última) generación perdida

La “nada trascendente” la definía muy bien mi abuela Marta, que para describir lo que hay después de este mundo, decía con buen humor: “Después de aquí no hay más pueblos”. Así que podría haberme ahorrado este libro. Pero en algo hay que entretenerse, por eso he estado varios años preparando una novela que, finalmente, ha tenido que imprimirse para evitar que me pase la vida corrigiendo.

En primer lugar, tengo que agradecer a Ediciones Camelot la confianza en un libro arriesgado, por la extensión y por el contenido, altamente inflamable. Ahora, lo tenéis que comprar, porque si no vais a dejarme mal.

La próxima semana, empezamos la ronda de presentaciones, que iré actualizando. Y a partir del viernes 13 de septiembre, empezará a distribuirse en librerías y cadenas comerciales.

🗓 Gijón. Viernes 13 de septiembre. 19:30 h. 4 Letras, Librería

🗓 Avilés. Jueves 10 de octubre. 19:30 h. Palacio De Valdecarzana

🗓 Oviedo. Martes 15 de octubre. 19:30 h. Ópera Café Oviedo

La portada es obra del diseñador alemán —nacionalizado asturiano— Ralf Thomas, enorme artista y mejor amigo. Mil gracias, tovarich.

Creo que publicar no es el fin de la literatura, sino el medio (necesario), algo que me viene recordando Alicia Molina desde la Prehistoria madrileña. A ella tengo que agradecerle su aliento constante, por eso este libro, y los que espero que vengan después, se los debo a su apoyo.

También quiero dar las gracias a lxs buenxs amigxs y personas que han tenido la santa paciencia —algunas sin conocerme de nada— de leer las primeras versiones de la novela, ayudándome a mejorarla. Y a lxs demás buenxs amigxs también, porque sé que andáis por ahí, y eso es lo que importa. (Si a veces no doy señales de vida, ya sabéis por qué es).

Y a mi familia, claro, —en general, por todo—, a quienes decidí embargar la lectura como una exclusiva de la NASA. “Hasta que se publique en papel”, les dije. Bueno, pues ya está.

Vale, ¿y de qué va?

Según la contraportada, es una distopía subversiva, poética y radical que transforma en símbolos el malestar de nuestra época, intentando salvar lo que nos hace humanos. Una novela que, bajo apariencia futurista, presenta el relato de terror de una generación enviada al matadero de la Historia.

También dice que un fantasma recorre Europa: el fantasma del minarquismo. Y que una nueva dictadura global avanza hacia el oeste, dominando las viejas naciones de Occidente. Y que tras las guerras de Eurasia y la irrupción de la Organización Global de Corporaciones Unidas, en España estalla la segunda guerra civil, y en los días previos al conflicto, Miguel Samanes, un periodista en decadencia, recibe el encargo más importante de su vida: entrevistar a Víctor Moon, misterioso poeta en paradero desconocido. ¿Pero quién es de verdad Víctor Moon? Para averiguarlo, entra en contacto con un grupo de jóvenes que, inspirados por su obra, inician la Revolución. Estos explorarán los límites de la realidad en busca de una nueva metafísica capaz de destruir los cimientos del sistema: la nada trascendente.

Pero eso es lo que dice la contraportada, así que no hagáis mucho caso. Os iré contando más cosas estos días.

«Los niños de humo», de Aitana Castaño

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Aitana Castaño, a quien ahora veo menos, aunque recuerdo mucho, porque en Madrid compartimos, con Marta, una segunda infancia, y eso es difícil de olvidar, ha escrito, como era de esperar, ya desde entonces, su primer libro.

Se titula Los niños de humo (Pez de Plata) y yo empecé a leerlo después de la presentación de Gijón, un sábado de 2018, durante una terrible resaca, y claro, no salió bien del todo, porque ya no estoy en la edad en que podía leer de un tirón el Werther de Goethe después de una noche de sábado.

Así que esperé el momento adecuado, que llegó este domingo, de forma natural, después de una mudanza, el último día de vacaciones, aunque el libro no había dejado de emitir una señal de «Léeme» dentro de la estantería.

Como yo de las cuencas mineras no sé mucho, aunque es pecado, y me redimiré, porque mi abuelo Eduardo fue minero, y además otros pueden hablar con más solvencia de lo que significan las cuencas, y de por qué este libro importa tanto a tanta gente, lo que voy a hacer es contar algunas cosas que he sentido al leer los cuentos.

ALMAS EN PENA

Desde el principio hasta el final, la sensación visual de que bajo las páginas el libro está poblado de muertos, de almas en pena que quieren contarnos sus historias. Pero son muertos de los que no dan miedo, como los de Rulfo, o como Nicole Kidman en Los otros; y también son negros, porque los dibuja Zapico, que de verdad parece que pinta con carbón. Es decir, tienen cosas pendientes con los vivos: solo quieren contarnos lo que pasó en sus vidas, liberarse, y además tienen buen humor. Pero nada es para reírse, no, aunque tiene que parecerlo, porque en eso consiste la vida, ¿no?, en que parezca que todo es para reírse cuando en realidad sucedan cosas terribles todo el rato. Bolaño empieza así Amuleto: «Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz». Las cuencas mineras también guardan la historia de un crimen atroz, pero A. no puede permitir que lo parezca, y esa, pienso, es la magia del libro. Esa mirada.

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PRESENTE PERPETUO

Mientras leo, también la impresión constante de un «presente perpetuo», que imagino como un lugar parecido a la infancia, y sobre el que San Agustín, que de estas cosas sabía mucho, decía esto: «Más exacto me parece hablar de un presente de lo pretérito, un presente de lo presente y un presente de lo futuro, porque estas tres modalidades las encuentro en mi mente». Creo que esta percepción se debe a que la voz de A. aparece de vez en cuando para unir a todos los personajes en un ahora narrativo, a lo Javier Cercas, y funciona, y se agradece, porque de repente nos la encontramos ahí, como testigo, sin esperarlo, y además refuerza la sensación de que esa procesión de almas en pena de la que hablábamos antes están justo aquí, ahora, para siempre. También es por el tratamiento de los personajes, que reaparecen continuamente en los ojos de otros, intercambiando perspectivas. Y por esta frase joyceana, que es una epifanía y también un verso que debería acabar en la letra de un cantautor cuenquil: «De las víctimas de 1948 en el Nalón y las de hoy mismo en Siria».

Aunque la mejor intervención de A. es para introducir a Juan: «Y gracias al cielo (y las estrellas) años después nacería en Langreo Juan, el mi Juan».

ÉPICA

Hay una épica en las cuencas mineras. La épica está hecha, en parte, de ficción, pero la ficción está basada siempre en hechos reales. La épica de las cuencas mineras nos habla, sobre todo, de honor.  

EL ALEPH

Tres veces, durante la lectura, he recordado este comienzo, que descubrí en aquella infancia de Madrid. «La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita.»

CAGONDIOS

En nuestra época, los diálogos, las frases, el lenguaje mismo, se han devaluado, centrifugados por una maquinaria que, por resumir, para no meternos en líos, podemos definir como modernidad, aunque acabo de borrar puto-capitalismo. Es decir, las frases que pronunciamos hoy significan a menudo muy poco, precisamente porque se han convertido en lugares comunes reproducidos hasta la saciedad en nuestras relaciones sociales. Bueno, ni tan mal. Ocurre que Los niños del humo da testimonio de una época y un lugar donde las frases de las personas sí significaban muchas cosas, y A. sabe sacarles el máximo rendimiento, colocándolas de forma muy precisa, calculando perfectamente sus efectos, como ese «Arturo Villabrille era mi abuelo», mi favorita. Literariamente, las frases de los personajes son los pilares de estas historias. Algunas te quiebran, otras te hacen reír, pero en todas hay verdad y hay épica y hay vida.  Sin embargo, cada vez que un personaje se ha cagado en dios, he escuchado la voz de A. nítida en mi cerebro. Esa no me ha colado, pero me alegro.

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