El sueño frustrado de un internet socialista del presidente Allende

El proyecto Synco, o Cybersyn, no se puede considerar un antecedente directo de internet, pero sí un capítulo paralelo, y también una de las más ambiciosas tentativas humanas, y seguramente la primera de la historia, por fusionar política, economía y tecnología informática. ¿Es posible un sistema capaz de monitorizar y controlar en tiempo real los recursos, la fuerza de trabajo, las empresas y la producción de toda una nación?

Cuando el joven ingeniero chileno Fernando Flores, que había tenido contacto en su época de estudiante con las ideas del científico británico Stafford Beer sobre cibernética organizacional, le planteó a Salvador Allende en 1970 la posibilidad de implementar en Chile una red descentralizada con el fin de planificar y gestionar la economía cibernéticamente, como si se tratase de un moderno juego de estrategia tipo SimCity, el presidente dijo sí.

A través de Cybersyn, y embelesado con la entelequia futurista de un Estado tecnológico perfecto, imaginó un país conducido desde un centro de operaciones a donde la información debía llegar desde todos los rincones de Chile

Desde 1950, la Unión Soviética había fracasado varias veces en sus intentos por aplicar la computación a la gestión económica, aunque sus proyectos tenían una idiosincrasia vertical, pura gestión de datos, lejos de la construcción de una red nacional orgánica y participativa. En ese sentido, para Allende era importante la idea de llevar la ciencia al socialismo.

A través de Cybersyn, y embelesado con la entelequia futurista de un Estado tecnológico perfecto, imaginó un país conducido desde un centro de datos al que la información debía llegar desde todos los rincones de Chile.

Stafford Beer recibió una carta. El país andino le invitaba a poner en práctica su Viable System Model (VSM), el modelo teórico en que se basaba el proyecto. Por supuesto, aceptó. A cambio, pidió 500 dólares diarios y grandes cantidades de chocolate, vino y cigarros, según The Guardian.

De este modo, en secreto, en noviembre de 1971 comenzó una carrera para construir en Chile una red nacional que conectaría un centro de operaciones, con base en Santiago, con las empresas estatales y las recientemente nacionalizadas compañías del país.

Tecnología rudimentaria

La tecnología para llevar a cabo estas conexiones era rudimentaria. De acuerdo con el plan de Beer, en los centros de producción estatales se instalaron télex interconectados -en total, 500- desde donde se emitiría todo tipo de información: datos cuantitativos de producción, sobre absentismo laboral o escasez de recursos.

A esa red la llamaron Cybernet: sólo 100 compañías llegaron a estar en línea, y los primeros operarios que recibieron formación sobre los procesos para transmitir datos fueron los de la industria textil.

El siguiente paso, que no pasó de un prototipo, fue la creación de un software estadístico, Cybestride, diseñado por programadores chilenos con la ayuda de consultores británicos, cuyo objetivo era predecir el comportamiento de las empresas. Hubo una prueba piloto, pero jamás llegó a cargarse con datos reales: el proceso de instalación en cada una de las compañías chilenas requería de más tiempo. El software contenía elementos de la estadística bayesiana, hoy utilizada para determinados filtros de control del spam.

En realidad, el superordenador encargado de recibir los datos no era demasiado potente. Estaba basado en un IBM 360, y tenía la capacidad computacional de un iPhone

Tampoco vio la luz el Chilean Economic Simulator (CHECO), un simulador económico que, en teoría, estaría capacitado para monitorizar el efecto de las decisiones tomadas desde el centro de control, en la capital.

En realidad, el superordenador encargado de recibir los datos en Santiago -se llamaba Burroughs 3500, y terminó siendo utilizado como sistema de control de las máquinas clasificadoras de cheques- no era demasiado potente. Estaba basado en un IBM 360, y según los expertos tenía la capacidad computacional de un iPhone.

La sala de operaciones

Lo primero que se encontraban los visitantes del centro de operaciones de Synco, Opsroom, era una pantalla donde Allende reproducía un mensaje grabado: “Lo que ustedes ven a su alrededor es el resultado de 18 meses de intenso trabajo a cargo de un grupo de ingenieros chilenos. Lo que ustedes van a ver es revolucionario, no sólo porque es la primera vez que esto se ha hecho en el mundo, sino, principalmente, porque estamos haciendo un esfuerzo consistente para entregarle al pueblo la ciencia en forma tal que todo el pueblo aprenda a usarla”.

Opsroom era una habitación hexagonal inspirada en los centros de datos británicos de la segunda guerra mundial y en los principios de la teoría de la Gestalt, que algunos autores también han comparado con el puente de mando de la nave Enterprise de Star Trek, estrenada algunos años antes. La idea de Stafford Beer, a largo plazo, era construir un centro de este tipo en cada Ministerio, pero sólo dio tiempo a uno.

Reproducción del cuadro de mando de la nave Enterprise de ‘Star Trek’Reproducción del cuadro de mando de la nave Enterprise de ‘Star Trek’La sala, de paredes de madera, estaba articulada alrededor de un espacio circular, en el centro, donde se instalaron siete sillones giratorios destinados a los funcionarios encargados de la toma de decisiones. En cada apoyabrazos, a la derecha, se desplegaba un panel de mando con una serie de botones y palancas para controlar las pantallas. Nada de teclados.

En octubre de 1972, cuando una huelga de camioneros puso en riesgo el abastecimiento de alimentos a la capital, a través de la red de teletipos el gobierno pudo coordinar una flota de doscientos camiones

En una de ellas, el Data Feed, aparecía representado el organigrama de cada empresa y la información sobre su producción. En otra pantalla, se mostraban diferentes flujos de datos. No obstante, estos monitores no eran más que superficies donde se proyectaban diapositivas, y el proyecto Synco dependía de obsoletos sistemas para la transmisión y el procesamiento de datos, que además sólo se recibían una vez al día.

Sin embargo, Allende estaba convencido de que Synco le ayudaría a gestionar de forma eficiente la crisis en que estaba inmerso el país, y el sistema pronto tuvo su primera y última oportunidad para demostrarlo. Fue en octubre de 1972, cuando una huelga de camioneros puso en riesgo el abastecimiento de alimentos a la capital. A través de la red de teletipos, el gobierno pudo coordinar una flota de doscientos camiones.

Un Facebook socialista

La filosofía de la ciudadanía y la democracia 2.0 puede parecer un concepto moderno, pero Stafford Beer ya pensaba en la posibilidad de crear un sistema mediante el cual, los ciudadanos, desde su casa, al ver por televisión los anuncios políticos lanzados por el gobierno, pudiesen apretar un botón para emitir, en tiempo real, un juicio que recuerda mucho a los likes de Facebook: “Estoy de acuerdo”, “No estoy de acuerdo”.

Ese sistema se llamaba Cyberfolk, y entraba dentro de los planes de Allende para la implicación de la sociedad, también desde las fábricas, en la construcción de un Estado capaz de pensar en comunidad, como un solo cerebro.

Según Eden Medina, investigadora del MIT, que por un estudio sobre el proyecto Synco, Cybernetic Revolutionaries, obtuvo el premio del Museo de Historia de la Computación en Mountain View, “desde un punto de vista técnico, creo que pudo haberse concretado, con la excepción del simulador económico, que era una idea un poco ambiciosa considerando las capacidades tecnológicas que existían. Sin embargo, creo que los fines político-sociales del proyecto eran los más difíciles de conseguir. Por ejemplo, es difícil usar una tecnología para cambiar las relaciones sociales dentro de una fábrica”.

El sueño de Allende duró poco. Antes del golpe de Estado, se filtraron a la prensa fotografías del proyecto y los medios publicaron una versión orwelliana de la historia de Synco. Una vez consumado el golpe, Pinochet ordenó que se investigase Cybersyn. Después, destruyó Opsroom. El 11 de septiembre de 1973, cuando Salvador Allende se suicidó en el Palacio de la Moneda, Stafford Beer estaba en Londres.

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