Ramón Trecet: “A Pedro J. le han hecho lo mismo que a Steve Jobs”

Llamadme Trecet. Desde fuera parece un capitán Ahab autoritario e insensible, pero cuando en mitad de la conversación los ojos se le llenan de lágrimas al hablar de la retirada de Puyol es fácil comprender que es el único personaje de esta historia que Herman Melville salvaría del naufragio.

El apocalipsis que el periodista Ramón Trecet (San Sebastián, 1945) se afana en denunciar desde hace tiempo es el de la profesión periodística en España, empeñada, por una inercia que él atribuye a la falta de innovación, al espíritu carca de los ejecutivos, en parar el tiempo en las imprentas cuando aquí, en internet, la información se regenera como la cola de un lagarto.

En Marca, le dijo al director que no quería volver a escribir en un periódico de papel. Le dieron un blog, y en uno de sus posts de 2006, escrito a las dos de la mañana, fue el primero en contar que Usain Bolt había batido el récord del mundo de los 100 metros lisos en Nueva York. Desde entonces, en la redacción del diario deportivo hay un turno de guardia. Hace casi dos años que aquel blog se cerró, pero sobre el último post –Hasta siempre– la gente sigue escribiendo comentarios cada día, como si fuese un foro: y van 18.888.

Antes de eso, introdujo en España la NBA desde la televisión pública y presentó una serie programas musicales de éxito en Radio Nacional de España durante 34 años, al cabo de los cuales sufrió en sus carnes el mobbing laboral. Lejos de rendirse, Trecet ha renacido como ave fénix en las trincheras de internet. Hoy firma un blog en Terra y regenta una cuenta de Twitter con más de 91.000 seguidores.

Le robamos la hora del almuerzo en la penúltima jornada de iRedes, en Burgos, donde nos lo volvemos a encontrar a lo largo de la tarde, mezclado entre la gente, en los talleres del congreso, donde Trecet atiende a los ponentes con el mismo brillo en los ojos que un joven aprendiz de juntaletras.

LA MUERTE DEL PAPEL

Pregunta: Después de tantos años. ¿Por qué te putearon en Radio Nacional de España?

Respuesta: Las personas que me perjudicaron personal y seriamente se han dedicado a contar su parte de la historia. Yo no la he contado nunca. La historia está urdida por tres personas con la complicidad de dos directivos que ya no están. De las tres personas que urden esto dos ya no están en Radio 3. Una es Lara López, directora de Radio Nacional a la que yo metí en la radio por primera vez y que es una persona tan agradecida que, cuando lees su curriculum, pone: “Entró en Radio Nacional en 1987. Punto”. De las otras dos personas, movidas por una envidia colosal, uno es Diego Manrique, que conozco desde el año setenta y tantos; y el otro es el envidioso más grande que ha conocido la humanidad. Se llama José Miguel López, y está todavía haciendo programas en Radio Nacional.

P.: Decía Leopoldo María Panero que la envidia es el pecado capital de España…

R.: Es verdad, no conozco a ningún ser humano que se haya puesto delante de una cámara diciendo: “Yo soy envidioso”. La envidia es un defecto tan horrible, tan horripilante, que nadie quiere saber si se acerca o no a ser envidioso. Llevaría mucho tiempo saber por qué el español es por naturaleza envidioso. En principio, hay un agravio comparativo. ¿Por qué ése tiene eso y yo no? Y de ahí pueden surgir muchos males.

P.: Pero pasaste página. Descubriste internet, te reinventaste…

R.: En general, pienso que hay que mirar hacia adelante. Lo que ha pasado atrás debe de ser evitado cuidadosamente porque te hace perder mucho tiempo y energía, así que en este momento no tengo ningún rencor.

En mi vida sólo he tenido un sentimiento tan fuerte al de descubrir internet. Lo conocí en plenitud profesional, en el año 2006, en Marca.com. La palpitación en la tripa fue la misma que cuando descubrí el rock en los 50. “Esto es distinto, esto va a ser una cosa totalmente diferente”. Como los ciegos, intenté palpar hacia dónde había que dirigirse. Y por supuesto ha significado para mí una reencarnación.

Pedro J. Ramírez de repente se ha puesto a la cabeza de la manifestación ‘digital is beautiful’, aunque podríamos nombrar a otros ejecutivos que tienen que realizar la tarea porque no queda otro remedio. La tarea principal ahora es hacer la transición de la manera menos costosa posible, pero no se hace desde el convencimiento

P.: ¿En qué se parece internet al rock?

R.: En que te plantea cosas. Te dice: “¿Qúe haces ahí? ¿Creías que el mundo era perfecto?” Pues no es cierto. Hay otros mundos y tenemos que seguir cabalgando. En aquella época, se decía que internet no sabe lo que quiere. Sí lo sabe, pero lo que no sabe es cómo llevarlo a cabo en algunas ocasiones. Porque todo es nuevo, no hay referentes.

P.: Hay un montón de señores con corbata que escriben libros sobre cómo hay que escribir en Twitter. Muchos jóvenes están perdidos, pero tú llegaste con más de sesenta años y has creado escuela.

R.: La cuestión central es que hay gente vieja mentalmente pero joven biológicamente, y viceversa. Hay jóvenes a los que les han enseñado en términos muy simples a moverse analógicamente y no terminan de aprender a actuar digitalmente. Y eso conduce a otro extremo que en la época del rock también sucedía. Las personas que se ponen al frente de la capacidad ejecutiva para intentar cambiar nuestro entender son las mismas personas que trabajan en los medios de comunicación del mundo analógico.

Por ejemplo, ahora Pedro J. Ramírez se ha puesto, de repente, a la cabeza de la manifestación digital is beautiful, aunque podríamos nombrar a otros ejecutivos que tienen que realizar esa tarea porque ya no queda otro remedio. La misión principal ahora es hacer la transición de la manera menos costosa posible, pero ya no se hace desde el convencimiento, sino desde el miedo a que el mundo digital acabe contigo.

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P.: Has escrito un post sobre esto. Sugieres que los medios en papel han perdido la independencia por no haber sabido reinventarse.

R.: La independencia la pierdes desde el primer momento que no eres propietario de tus propios medios de funcionamiento, es decir, cuando económicamente empiezas a vender poco y eso hace que tengas que pedir préstamos, etcétera. Entonces, te pones en manos de otros.

Que en un país en el que se supone que hay libertad de prensa desde que murió Franco se esté hablando de que un director como Pedro J. Ramírez haya sido destituido porque no se llevaba bien con el presidente del Gobierno… ¿Qué independencia es ésa? Es una cuestión verdaderamente cómica.

P.: ¿Han llegado los medios españoles tarde a la reconversión digital?

R.: En España llegamos siempre tarde porque, en cualquier actividad, nuestra mentalidad no es crear, sino fijarnos en los que crean. Cuando digo esto ya sé que muchos científicos del CSIC se han tenido que ir de España porque tenían un proyecto y no se lo han financiado. Pero, en general, la tendencia de la sociedad española es ésta. En el caso de los medios españoles, se han dejado aconsejar por las personas inadecuadas, y es ahí donde se ha perdido la batalla de la independencia.

¿Por qué Jordi Evole no se puede poner al frente de un medio de comunicación? Pues sencillamente porque es joven, contracultural. No es de los nuestros… Ah, un momento: ¿Quiénes son los nuestros? Los nuestros son los que llevan 25 años ejerciendo el periodismo

P.: Los aurigas de los que siempre hablas…

R.: Sí, pero habría que describir el término con precisión. Auriga era el señor que llevaba una cuadriga en una carrera. De caballos lo sabía todo, pero cuando se pasó al motor de explosión… no puede ser que el auriga que conducía bien la cuadriga lo haga igual de bien cuando tiene un taxi entre manos, porque no sabe. Esas personas que consideramos que lo saben todo del periodismo analógico no pueden ser las que nos conduzcan al mundo digital. Tienen que ser otras.

¿Por qué Jordi Évole no puede ser director de un peródico? Perdón, cuando digo la palabra periódico ya me estoy equivocando: un periódico define una etapa cerrada: pe-rió-di-ca-men-te. Me estoy refiriendo a un medio de comunicación. ¿Por qué Jordi Évole no se puede poner al frente de un medio de comunicación? [Silencio] Pues sencillamente porque es joven, contracultural. No es de los nuestros… Ah, un momento: ¿Quiénes son los nuestros? Son los que llevan 25 años ejerciendo el periodismo y luego, cuando se retiran de ser directores de medios y escriben su artículos hablan, como el señor Ansón, de “cuando trabajábamos en el ABC verdadero”. ¿Qué es lo que puede hacernos suponer que aquel ABC era verdadero y el de ahora en internet no?

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P.: ¿Cuál es la solución para hacer esta reconversión como es debido?

R.: Debe producirse una unión entre la parte ejecutiva, de los directivos que llevan la publicidad y los contactos con las empresas, y los periodistas. Lo que pasa es que el propio nombre de periodista va a dejar de existir, aparecerá otra palabra, igual que acaba de surgir el término selfie. Cada vez que la rotativa imprime el papel, está parando el tiempo. Esta mañana me hablaban de dos jóvenes que se levantaban en medio de una redacción digital muy conocida y gritaban a las once de la noche: “Acabamos de cerrar la edición de hoy”. Entonces, alguien que estaba allí les dijo: “Oye, que aquí no se cierra. Te levantas, te vas a casa y después vienen otras personas que siguen con la información”.

En el periodismo, hemos conocido grandes tándems de trabajo en equipo. En Estados Unidos, el que se pone siempre como ejemplo extraordinario es el caso de Katharine Graham y Benjamin Bradlee. Cuando al primero le cae encima el asunto Watergate, le dijo al director: “Tú sigue, que de parar los golpes institucionales, los abogados y todo eso ya me encargo yo, que para eso soy el editor”.

En España, hemos tenido, por ejemplo, el tándem Cebrián-Polanco. Eso ya no existe, no porque hayan desparecido Polanco o Katharine Graham, sino porque en este momento hay un señor que se llama Jeff Bezos que ha comprado un periódico. Ya se encaragará él de proveer los medios adecuados a los que hacen la información. Pero esa información ya no va a ser di-a-ria, ho-ra-ria. Hace mucho tiempo que hemos entrado en un continuum en el que nada se para. Como le dije el otro día a Casimiro [García Abadillo]: “Acabas de publicar esto, pero no has publicado la otra parte hasta dos horas más tarde”.

Si la mayoría de la gente tuviese la capacidad para reinventarse de Steve Jobs habría menos envidia en este mundo. Fíjate que la situación de Jobs es que le echan de la empresa que él mismo fundó, y ahora que me estoy dando cuenta es lo mismo que le ha pasado a Pedro J. Ramírez

P.: ¿Por qué admiras tanto a Steve Jobs?

R.: Porque en primer lugar no era científico ni técnico, simplemente era un emprendedor, una especie de entrenador que sabía unificar criterios y ponerlos en marcha para la consecución de un objetivo. Y después tenía ideas absolutamente geniales, todo lo que ya sabemos… Para mí, la culminación de Jobs es su famoso discurso en la Universidad de Stanford, de donde han surgido prácticamente todas las ideas científicas, como las redes sociales, relacionadas con la capacidad del ser humano para entenderse a sí mismo.

Si la mayoría de la gente tuviese la capacidad para reinventarse de Steve Jobs habría menos envidia en este mundo. Fíjate que la situación de Jobs es que le echan de la empresa que él mismo fundó. Y ahora que me estoy dando cuenta es lo mismo que le han hecho a Pedro J. Ramírez, aunque Jobs regresó y él no creo que vuelva a El Mundo. Eso sería la historia para un guión de Hollywood, y además Pedro J. es mayor que Steve Jobs cuando regresó a Apple. Y a Jobs le echó la misma persona a la que él había nombrado para que se pusiese al frente de la compañía.

LA INFLUENCIA DE TWITTER

P.: ¿Se está mercantilizando demasiado el periodismo en internet?

R.: Creo que el periodismo se está mercantilizando, pero “demasiado” no estoy en disposición de afirmarlo. Por eso cuando en su momento dije que todos los periodistas valemos el número de seguidores que tenemos en Twitter se organizó la mundial.

Tenemos una cierta tendencia a hacer juicios morales sobre circunstancias que son pura matemática. Si nos dicen que el partido de ayer de España ha tenido un número de seguidores por encima de diez millones, de ahí inferimos juicios como que la sociedad está dormida. Es decir, hacemos reflexiones, moralinas que no tienen nada que ver con el cartesianismo del número. Lo que nos dicen las matemáticas es que si el partido ha tenido diez millones de espectadores, a la cadena de televisión le interesa muchísimo. Y si un partido de España en el Mundial llega a los quince millones, le interesa todavía más. El que quiera hacer juicios que se vaya a confesar a una iglesia.

Del Bosque convenció a Puyol para que bajase al vestuario y les dijesea los jugadores que no emitiesen tuits durante el Mundial. Fíjate la cantidad de cosas que no hemos podido conocer de las que pasaron durante un mes de convivencia en donde se ganó el Mundial

P.: ¿Es Twitter verdaderamente influyente o es humo?

R.: La respuesta es rotundamente sí. Es influyente, no es humo. Gerard Piqué tiene siete millones de seguidores y, por eso, cuando diga algo lo va a leer mucha más gente que otro que tenga 100.000 followers. Te voy a poner un ejemplo muy sencillo. En la ceremonia de los Oscar, Ellen DeGeneres, la señora que presentó la gala, decidió narrarla también en Twitter, como segunda pantalla. Se hizo un selfie y la gente empezó a retuitearlo. Bien, el récord de retuits estaba establecido en 780.000, cuando Barack Obama dijo que acababa de ser reelegido Presidente. Hasta el momento esa autofoto se ha retuiteado más de tres millones de veces. Cualquiera que diga que esos números no son relevantes no está en la realidad.

P.: ¿Y las personas son más hipócritas en Twitter?

R.: [Risas] Esa es otra historia. Ten en cuenta que muchas personas famosas tienen un community manager que les lleva la cuenta. Hay personas que, habida cuenta del número de seguidores que tienen, deciden dulcificar un poco su manera de expresarse. Hay dos personas del panorama español que cuando alguien les insulta en Twitter, contestan el doble. Son Risto Mejide y Arturo Pérez Reverte. Tú a Reverte le insultas en Twitter y a la vuelta te llevas siete insultos más.

P.: Ahora todo el mundo habla de la necesidad de hacer de uno mismo una marca personal en internet. Eso da un poco de miedo…

R.: Sé a lo que te refieres. Pero la imagen de marca personal que se está creando en Twitter tiene que ver con esa gran cantidad de seguidores que tienen muchas estrellas, como los deportistas. Cuando se empieza a tener una gran conciencia de que Twitter es algo importante es hace cuatro años, justo antes del Mundial de Sudáfrica. Durante la concentración, Del Bosque llamó a Puyol para decirle: “Oye, Puyi, esto de Twitter…”. Estaban con la mentalidad del periodismo clásico, de los jefes de prensa, donde cada uno tiene que hablar en un momento determinado, y de repente aparece un tío con un teléfono colgando fotos y diciendo cosas en una red social.

Entonces, Del Bosque convenció a Puyol para que bajase al vestuario y les dijese a los jugadores que no emitiesen tuits. Como Puyol es un tío influyente, lo cumplieron. Yo hago esta lectura: fíjate la cantidad de cosas que no hemos podido conocer sobre lo que pasó durante un mes de convivencia donde se ganó el Mundial. La cantidad de infomación que se nos hurtó…

Dos años después, llega la Eurocopa, y Del Bosque vuelve a llamar a Puyol: “Vicente, no jodas”. Claro, entonces los jugadores ya tenían contratos con patrocinadores donde Twitter entraba en la ecuación. Por eso en la Eurocopa tuitearon. Ya era imposible que dejaran de hacerlo.

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P.: Tú contaste en la tele la noticia de que Magic Johnson tenía el virus del Sida. ¿Cómo contarías ahora una información así en Twitter?

R.: Lo primero compruebas que la noticia es cierta. Ahora, después de algunas tortas bastante serias que me he pegado espero a que haya como mínimo dos confirmaciones. A estas alturas, llegar diez minutos antes o diez minutos después es algo que no me importa. Luego vas y lo tuiteas. Y después de tuitearlo intentas saber el cómo, qué demonios pasó ahí. En el caso de Magic, todos los que estábamos allí sabíamos que se acostaba con docenas de mujeres a lo largo de la temporada.

P.: ¿Qué opinas de la radio y la televisión pública del presente en España?

R.: Como todo el mundo sabe, se la cargó Zapatero intentando, una vez más, hacer buena su insoportablemente leve calidad política. Tengo la impresión de que ha sido el peor político desde que llegó la democracia a España, con un paso tan demoledor por el PSOE que ni siquiera ahora podemos valorar. Como dice la famosa cita, “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Con muy buena intención, decidió que el Parlamento designase al director general de RTVE cada seis años, de tal manera que no se sintiese presionado por las elecciones que se celebran cada cuatro. Entonces, se puso de acuerdo con el jefe de la oposición, el inimitable Rajoy, y se nombró a Luis Fernández, que empezó a hacer una serie de cambios con arreglo a lo que tenía en la cabeza para verse traicionado de forma inmisericorde al tercer o cuarto año. Porque lo que él no debió de leer es que si nuevamente dos tercios del Parlamento se ponían de acuerdo podían cambiar la ley que le había nombrado. Entonces, Luis Fernández decidió dimitir, cuando en RTVE no ha dimitido nunca nadie, y te lo digo yo que llevo ahí toda la vida.

La televisión pública se la cargó Zapatero intentando, una vez más, hacer buena su insoportablemente leve calidad política. Tengo la impresión de que ha sido el peor político desde que llegó la democracia a España, con un paso tan demoledor por el PSOE que ni siquiera ahora podemos valorar

Lo siguiente que pasa es que nombran a un señor de 86 años, al que pronto pillan porque le ha dado a su hijo, que trabaja en Telefónica, unos contratos. El día que se levanta por la mañana y ve la noticia, Alberto Oliart se mete en el coche, llega a su despacho y dice que se va. Desde entonces, aquello se ha quedado completamente petrificado, descabezado. La televisión ha desaparecido.

Yo he tenido que aguantar, entre comillas, al preguntar por qué en los telediarios no se habla de baloncesto, que el responsable me responda que cuando se habla de cualquier cosa que no es fútbol la audiencia se desploma. “Pero es que sois una emisora pública”, le digo. Y me responde: “Ya, pero es que los telediarios hay que mantenerlos”.

P.: ¿Cómo trabajas ahora?

R.: Me levanto a una hora distinta dependiendo de si veo el partido de la NBA en directo o lo grabo. Normalmente, como ya no estoy en una edad como para estar muchas horas despierto por la noche, me levanto como a la seis y media. Me conecto con una tacita de café y empiezo a tuitear datos, sobre todo estadísticas. Luego, si he grabado un partido, lo veo, y eso ya me coloca al filo de las 8 y media de la mañana aproximadamente. Entonces empiezo a tuitear cosas que escucho en la radio o leo en la prensa.

P.: ¿No estás suscrito a ninguna revista en papel?

R.: Estoy suscrito a dos revistas americanas. El New Yorker, que es una referencia fundamental; y Sports Illustrated. Yo recibo todos los periódicos de papel los sábados y domingos. Llega un señor a las seis y media de la mañana y los lanza por encima de la verja del jardín de casa. Yo estoy en la cama y oigo cómo caen. Pumba. Ese sonido es mi única conexión con el papel.

P.: Siempre despedías el programa ‘Diálogos 3’ con la misma frase: “Buscad la belleza ahí fuera, porque es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo”. ¿Dónde está hoy la belleza?

R.: Hay muchos lugares todavía para encontrarla, de verdad. En el mundo del deporte, por ejemplo, en la gimnasia artística, que es algo extraordinario. Pero yo, sobre todo, encontré la belleza en la música…

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Por casualidad, la entrevista se termina por obra y gracia del hilo musical, demasiado alto para seguir hablando, de la sala del Museo de la Evolución de Burgos donde ocurre esta conversación. Suena Everybody’s Talking, de Harry Nilsson, que el periodista tararea ensimismado, rememorando su etapa en Londres, donde vio la película Midnight Cowboy. Es el único momento de la charla en que Trecet cede por un momento a la nostalgia. Como las rotativas, la melancolía también detiene el tiempo. Stop recording. La letra de la canción quizás habla de Twitter: “Todo el mundo habla de mí / no oigo ni una palabra de lo que dicen”.

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