Amena, Faunia… el emprendedor que hizo fortuna con el ‘naming’
Hace veinte años, la profesión del naming era tan reciente que carecía de nombre y para referirse a ella había que señalarla con el dedo. El español Fernando Beltrán (Oviedo, 1956) fue uno de los primeros en hacerlo. No había estudiado marketing, ni se había formado en una escuela de negocios, ni siquiera tenía contacto directo con el mundo de las empresas.
Antes de comenzar el escrutinio tecnológico del Proyecto Venus, erigido como una de las mayores utopías científicas modernas desde su constitución en 1995, a cargo de Jacque Fresco y Roxanne Meadows, fijemos una serie de conceptos para entender la tradición del pensamiento donde se encuadra.
El científico Jorge Bravo es el Ferran Adrià de los materiales. Los deconstruye. Lo ha hecho con muchos, pero su tortilla de patata es el grafeno. Tras varios años de investigación el español ha logrado comprenderlo hasta el más mínimo detalle, y fruto de la deconstrucción ha creado un nuevo material artificial a partir del original. Lo ha bautizado como grafeno fotónico. El primer hijo bastardo del material del futuro -“es grafeno artificial, hemos engañado a la naturaleza”, explica a Teknautas- no sólo imita las propiedades del grafeno natural: las supera. Además, es más barato.
Los 80 significaron para España el despertar de la libertad política, la efervescencia cultural y el pistacho. Oriundo de Asia, pero introducido en la Península por los romanos y mantenido por los árabes, su cultivo desapareció de tierras españolas con los moriscos, en la Edad Media. Además, fueron prohibidos por la Inquisición debido a sus connotaciones sexuales.